La dolarización y el salario: variaciones sobre la tragedia venezolana

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Luce manido el asunto del dólar. Sin embargo, es un tema complejo y no es una sola la explicación sobre su comportamiento, tanto en el mundo como en Venezuela. Partamos de la evidencia empírica como demostración de la verdad.

La consideración de que el dinero es una mercancía encuentra un buen ejemplo y una demostración en el bitcoin (BTC). En el mismo sentido, la tendencia al debilitamiento del dólar —mientras se fortalece el yuan y aumenta el precio en dólares del oro y de las criptomonedas— es evidencia clara de que el dinero es una mercancía. Se intercambia por equivalentes. Si el dólar pierde valor, si pierde capacidad de compra, las cosas se hacen más caras. Más dólares por la misma cosa.

A su vez, como mercancía, el dinero se expresa de manera directa, o contando con una representación en el papel moneda. Esto en el caso del oro y otros metales. En el BTC, por su naturaleza, se representa de manera directa sin intermediación ni expresión fiduciaria alguna. No es el caso del dólar o cualquier otro signo monetario: que deben expresar el valor del oro.

El oro es el resultado del trabajo humano. Tiene un valor de cambio. De allí su precio, que oscila con base en el encuentro de la fuerza de la oferta con la de la demanda como principal determinación. El dinero, a su vez, se expresa también mediante el papel moneda o el dinero electrónico. La Reserva Federal —banco central de EE. UU.— ha emitido tanto dólar fiat que hace que se debilite a escala planetaria, dado que es la moneda de reserva por antonomasia. Por esta razón son muchos los bancos centrales que buscan diversificar su cesta de monedas de reserva, incorporando incluso al BTC.

Siendo una mercancía como cualquier otra, el dinero cuenta con una condición que lo distingue de las otras: ser equivalente de todas las demás. Característica que posee desde que aparece en la economía. Si pierde valor, para mantener la equivalencia, debe ajustarse al valor de los bienes a ser transados. Lo que explica que, mientras el dólar pierde poder adquisitivo, el precio del oro se hace más caro. Al menos es su determinación principal.

El dinero, además, puede cumplir con otras funciones básicas de la economía: servir para el atesoramiento y convertirse en capital del proceso de producción. En ese sentido, el dólar sigue siendo el principal signo para la capitalización.

Venezuela y la dolarización

La historia de la dolarización en Venezuela es de larga data, luego de haber contado el bolívar con una solidez que lo colocaba como una de las monedas más sólidas del planeta. Desde nuestro viernes negro de 1983 hasta llegar al actual estado, en que la masa de dólares que circula tiene mucho más poder adquisitivo que la de bolívares.

La hiperinflación, por su parte, es tan acelerada en estos días que incrementa la presión de demanda de dólares. Esto es producto de que se emite dinero inorgánico, papel moneda y dinero electrónico, muy por encima de las reservas en el Banco Central de Venezuela y del oro y otros metales monetizables en el mercado. Además, muy por encima de las mercancías a ser transadas.

Hoy son dos las fuerzas las que operan en relación con el dólar en Venezuela: de una parte, la presión de demanda y, de otra, la pérdida de su poder adquisitivo a escala planetaria. Fuerzas que terminan por perjudicar a quienes viven de un salario, incluso de quienes reciben como salario una cantidad de dólares muy superior a la media. Quienes reciben ayudas de sus familliares desde el exterior en forma de remesas también se ven perjudicados.

La dolarización y el mercado especulativo

La dolarización y la especulación van de la mano. Relación dialéctica que debe ser concretamente atendida, es decir, ubicando sus determinaciones generales y específicas. Con más razón cuando en nuestro caso fueron muchos los factores políticos que plantearon que la dolarización apuntalaría el camino hacia la superación de la crisis.

Pero la especulación no lo es todo en el incremento de los precios, más allá del empuje que causa la hiperinflación. Sin embargo, se especula como resultado de varias determinaciones. Partamos de que la especulación es un asunto ingénito de la formación capitalista. Se encuentra en la esfera de la circulación, en el proceso de realización de las mercancías. Se compra barato para vender caro. Ahora, bien, si las condiciones del mercado permiten vender mucho más caro, así se hace. Ésta es una ética insoslayable para el buscador de máximas ganancias. Sea en la venta de una mercancía que permite salvar o prolongar la vida a un ser humano, o en la venta de drogas en el mercado legal, de productos médicos, o en el clandestino o ilegal. En ambos casos estamos en presencia de una fuerza de demanda que supera con creces la que está presente en la oferta. Si hay escasez de esos bienes la cosa se hace todavía más aguda.

Esa es una de las razones por las cuales el Estado norteamericano mantiene esa política de doble cara en relación con las drogas que provienen de Latinoamérica, principalmente. Se convertiría en un asunto de salud pública más agudo, si hubiese una eventual escasez de drogas como la cocaína, que tiene una alta adicción en su población. Pues el drogadicto atado a esta sustancia hará cualquier cosa por hacerse de ella.

En la economía venezolana, dada la hiperinflación, hay presión de demanda del dólar ya que todo mundo busca salir de los bolívares para preservar el poder de compra alcanzado en un instante. Mientras más crece la hiperinflación más presión de demanda.

Luego, se incrementa el precio de la mercancía dólar, como el de toda mercancía, por inflación. Pero la presión de demanda hace que su precio se eleve aún más. En general hay presión de demanda porque la gente busca salir de los bolívares lo más rápidamente posible ya que al día siguiente perderán poder adquisitivo. Pero esa presión de demanda en relación con el dólar se hace todavía mayor.

El empresario y los vendedores buscan colocar sus productos en el mercado calculando que la hiperinflación causará efectos negativos en los bolívares que recibe. Por lo que trata de hacerse de dólares ipso facto. Además, buscan vender con base en un precio aún más elevado que les permita un margen de beneficio real más elevado, mientras se hace de dólares. De allí que la especulación se hace aún más generalizada.

Sin embargo, que el precio de la mercancía dólar se eleve aún más en relación con el resto de mercancías no significa que su poder adquisitivo se sostenga. Pesa la pérdida del poder adquisitivo del dólar a escala internacional.

El salario está dolarizado

Otra mercancía específica es la fuerza de trabajo. Esa capacidad humana para actuar sobre los objetos, para transformarlos —hasta ser convertidos en bienes que satisfacen necesidades humanas— en la sociedad del capital, es un valor de cambio, es una mercancía. De allí que siempre debemos verla con detenimiento. Ubicar sus determinaciones en cada circunstancia concreta. Su comportamiento en cada espacio.

En Venezuela, la fuerza de trabajo cuenta con un valor de cambio muy inferior al de cualquier otra parte del mundo. Ni qué decir en relación con lo que percibe un obrero en los países nórdicos, o en Suiza: allí el salario promedio es de 1.700 euros (2.070 dólares) semanales. El más alto del mundo.

El “salario” mínimo mensual establecido oficiosamente en Venezuela es de alrededor de 1 dólar. El más bajo del mundo. Aunque, en términos reales, esto impera solamente para los empleados por la administración pública. El salario mínimo y el salario promedio habría que calcularlos con base en un estudio. Los empresarios no pueden guiarse por esta disposición gubernamental, ya que los trabajadores no llegarían a la empresa. No tendrían ni siquiera para el transporte y mucho menos para la alimentación. No rendirían por el deterioro físico. De allí que le pagan un salario que bien puede rondar los 100 dólares. De los más bajos del mundo, pero muy superior a lo que impera en la administración pública. Allí desapareció el salario. Dos o tres dólares al mes no pueden ser considerado salario.

El uso de esa fuerza de trabajo por el dueño de los medios de producción se da a cambio del pago del valor de cambio de esa mercancía. O sea, el dueño de los medios le paga al obrero para que alcance las condiciones mínimas que le permiten reproducirse. Esto es, una cantidad de dinero que es parte de la inversión en capital variable, que le permite al obrero adquirir las mercancías que le facultan la reproducción. Siempre en condiciones mínimas o por debajo de ellas. En Venezuela, están muy pero muy por debajo de ellas.

Otra condición de la mercancía fuerza de trabajo es que se realiza antes de que al trabajador se le cancele la jornada. Le hace un crédito al patrón, pues se le cancela luego de una jornada de trabajo, de un día, de una semana o una quincena. Vaya cosa. En ese lapso varían los precios al alza de los bienes que produce, pero no el de la mercancía fuerza de trabajo. El crédito que le brinda el trabajador al dueño de los medios se realiza con base en una tasa negativa.

Luego, así como adquirimos una mercancía para satisfacer alguna necesidad, de igual manera esta mercancía fuerza de trabajo satisface la necesidad del capitalista para revalorizar los valores por él invertidos en el proceso de producción. El obrero incorpora nuevo valor, de allí que se define como capital variable, porque hace variar el valor al añadir una cantidad de nuevo valor con su trabajo. Cosa contraria al capital constante —medios de producción— que no revaloriza, sino que agrega justo su valor.

Por lo que los obreros cuentan con una participación en el reparto de la riqueza. La que se alcanza en correspondencia no solamente con sus condiciones para reproducirse, sino también con base en las luchas que hayan adelantado contra el capital y el administrador de sus condiciones de reproducción y sus riquezas: el Estado.

La solidez en su espíritu de lucha y en sus ideas en favor de los trabajadores pueden convertir al movimiento sindical en el principal factor para que los obreros tengan una mayor porción en el reparto de la riqueza.

En Venezuela, la participación de los obreros en el producto social se ha reducido al mínimo. Esto es, la riqueza se distribuye de tal manera que la porción que va a los trabajadores es cada vez menor, mientras que la que se apropian los dueños de medios es cada vez mayor. Por eso, la política salarial del gobierno ha sido la más antiobrera del planeta. Hasta los chinos, los mayores explotadores durante décadas, vienen elevando el salario de los trabajadores para incrementar la demanda interna, dada la disminución del mercado externo. Además del incremento inusitado de la productividad. Lo que no supone una disminución de la explotación obrera.

Otra circunstancia que sufre esta mercancía, que no está presente en el resto, es que su oferta tiende a ser mayor que la demanda. Es un asunto histórico. Ubiquemos que la cronicidad del desempleo es el resultado del desplazamiento de obreros por la máquina, como resultado del desarrollo de la composición de capitales.

Ahora, bien, con la dolarización y como consecuencia de ella, la especulación llevó a los trabajadores a vivir por debajo de la miseria. Aumentó el precio de los bienes y servicios y se establecieron salarios de hambre. Tanto que los propios capitalistas, habida cuenta de la caída del rendimiento del trabajo humano, se vieron forzados a pagar muy por encima de los decretos de hambre. Pero siempre pagando salarios de los más bajos del planeta. Mientras que en la administración pública el salario sencillamente desapareció.

La dolarización del salario es un hecho. Pero son muy pocos dólares los que recibe el trabajador. La propuesta de la dolarización del salario fue asumida por algunos sectores opositores como medida que permitiría atender las condiciones de los trabajadores. No lograban entender, quienes esto planteaban, que eso supondría un deterioro inusitado de las condiciones de vida de la clase obrera y de los trabajadores en general, dado que pasaba por la dolarización de todas las mercancías.

Luego de revisar lo visto, lo que debemos —quienes vivimos de un salario, una pensión o una jubilación— es establecer en una propuesta de reconstrucción el rescate del signo monetario nacional, parejo al del salario suficiente para la reproducción en cada vez mejores condiciones de los trabajadores venezolanos. Obligante es diseñar una plataforma de luchas y un programa de reconstrucción donde el centro sean los trabajadores, creadores de la riqueza y del funcionamiento de las condiciones para la reproducción social, de los servicios públicos, pues. Para derrotar la dictadura, la nueva unidad opositora deberá asumir esto como principio. De lo contrario, no contará con la firme participación de los trabajadores en la pelea.

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