Dos millones de años de evolución sexual

0
297

Muchas criaturas unicelulares pueden reproducirse tanto asexualmente (clonándose a sí mismas) como sexualmente (combinando ADN con otro organismo para crear descendencia), y generalmente prefieren la clonación. Realmente, es muy extraño que la evolución le apueste al sexo como estrategia reproductiva.

Tener relaciones sexuales pone a los organismos en una posición vulnerable. Además, gastan toneladas de energía atrayendo compañeros y pasando por el complicado proceso de mezclar su ADN con el de otro individuo. La clonación es mucho más simple y, durante mucho tiempo, los científicos pensaron que todas las eucariotas (célula con núcleo y más compleja que una célula procariota) habían tomado esa ruta. 

Las eucariotas son el antepasado común de la rama de la vida que incluye animales, plantas, hongos, y todo lo demás, incluyendo a las bacterias y las pequeñas y extrañas arqueas. Pero, nuestro conocimiento allí no era muy bueno. Una vez que los biólogos comenzaron a examinar diferentes organismos eucariotas para descubrir cómo se originó el sexo, se sorprendieron por lo que encontraron. Incluso esas antiguas eucariotas se apareaban. Es bastante difícil atrapar a estos organismos unicelulares durante su apareamiento. Es como si fuéramos extraterrestres observando hacia la Tierra y nos preguntáramos si los humanos tienen sexo, a menos que miráramos por las ventanas, jamás veríamos a los humanos teniendo sexo. 

Ahora sabemos que los elementos básicos del sexo, la atracción y el intercambio de material genético, son mucho, mucho más antiguos que la diferenciación entre machos y hembras. Si el sexo y la atracción son más antiguos que los hombres y las mujeres, la atracción tiene que ser algo más que la diferenciación sexual.

A principios de la década del 2000, los científicos comenzaron a imaginarse cómo era la reproducción de los eucariotas ancestrales y tuvieron una idea: dado que muchos eucariotas unicelulares se reproducen sin aparearse, podían observar sus genes para averiguar cuáles se reproducían sexualmente. Supusieron que algunos tendrían los genes del sexo y otros no. Pero los biólogos descubrieron algo inesperado: todos los eucariotas que miraron tenían los genes del sexo. No todos los usaban, pero todos los tenían. Esto significa que el último ancestro común eucariota, el antiguo predecesor de todo, desde los humanos hasta el moho, debe haber sido sexual. Entonces, ¿cómo eran la atracción y el sexo al principio de los tiempos?

El registro fósil de estas criaturas básicamente no existe. Lo que sabemos proviene de observar el ADN de organismos existentes, rastreándolo hasta hace unos 2 mil millones de años. Un ancestro común eucariota solitario, el tátaratataratataratatara abuelo de todos los seres vivos del planeta, se encuentra nadando a través del océano. Imagínese estar en un mar inmenso, rodeado de otras especies, sin conocimiento de posibles parejas, de repente, otro ancestro común eucariota pasa nadando y se da cuenta del primero.

¡Comienza el noviazgo! Incluso para ellos, la sensualidad importaba e invirtieron una energía sustancial en ser atractivos, no hubo maquillaje involucrado, pero sí los perfumes. Los ancestros comunes eucariotas no podían ver ni oír. Pero podían oler. Sus perfumes eran feromonas, sustancias químicas que muchos organismos envían como señales a otras criaturas. Estos pueden ser increíblemente fuertes, las polillas pueden detectar las feromonas de las demás a kilómetros de distancia. Los ancestros comunes eucariotas se habrían seducido unos a otros con feromonas. Las feromonas les indicaron a los ancestros comunes eucariotas que eran de la misma especie. En un mar lleno de bacterias y arqueas, no querían coquetear con la criatura unicelular equivocada.

Pero no todos los perfumes son iguales. Los organismos que envían más feromonas son más atractivos. Después de todo, poner toneladas de energía en la producción de feromonas demuestra fuerza. ¡Funciona! Las eucariotas están enamoradas. Entonces pasan por la meiosis, “dando a luz” pequeños clones que solo tienen la mitad del ADN de un adulto. Estas media-eucariotas recién nacidas nadan una hacia la otra y luego se rodean entre sí. Cuando se acercan lo suficiente, uno dispara un shmoo, un nódulo en la célula que usan para unirse. El otro eucariota dispara su propio shmoo. Las protuberancias se tocan y sus membranas se fusionan. Una vez fusionadas, las dos células se parecen mucho a una célula grande, sus núcleos flotan juntos y su ADN se mezcla. Los seres humanos todavía hacen esto: cuando un espermatozoide y un óvulo se unen, sus membranas y núcleos se fusionan.

Dos mil millones de años después, los eucariotas se han diversificado. Algunos organismos son sexuales, otros asexuales y algunos cambian de un lado a otro. Muchos organismos, como la mayoría de las plantas, son tanto masculinos como femeninos. Algunas especies no tienen sexos, solo células que se unen y se fusionan. 

La diferenciación de los sexos (macho y hembra) no es la única forma de abordar el apareamiento y la atracción. Incluso en la actualidad, en muchas especies, la atracción sigue siendo realmente crítica, pero no se trata de que los machos atraigan a las hembras o las hembras que atraigan a los machos. En casi cualquier dimensión que miremos, hay variación. Los humanos no estamos exentos de esta variedad. Imaginamos que los sexos son estas dos categorías, pero la sexualidad es más fluida y multidimensional que eso. Encasillarnos en dos categorías no es algo que la evolución tienda a hacer.

Comenta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí